martes, 2 de agosto de 2011

A beautiful day, como dice Bono.

Y entre aventuras y cambios de casa y despedidas de indeseables flatmates, encontramos nuestro lugar. Nuestro hogar.


Nuestra casa, por fuera.
Cena by Jon


Nuestra casa, por dentro.
Nuestra colección de cactus
            La casa de la la señora que nos alquila nuestra casa. Su patio tiene salida a la playa. Yo estoy haciendo todo lo posible para que me adopte.
Nuestra playa, bueno, casi.
Vista al Monte desde nuestra playa

Rocky Balboa entrenando. Nah.
Tienen que escucharlo decir Cómo te quiero! con esa sonrisa.
 
Y la vida continuó así, como siempre, hasta ayer (3 de julio), que en una más de nuestras caminatas vespertinas por la playa, con un cielo gris, como preparándose para la gran tormenta, Jon dice: "This is so beautiful! Even with the weather like this is so beautiful. What a setting!" y se reía un poco. Yo asentía y pensaba ¡Otra vez me olvidé la cámara!, pero también me preguntaba “¿qué le picó a este? ¿buen lugar para qué?” Jon dice: "Volvamos antes de que oscurezca", y antes de comenzar a subir el caminito que lleva a nuestra casa y como envalentonándose dijo: "This is it." Se puso de rodillas, y entonces yo comencé a darme cuenta de lo que estaba sucediendo. Lo que sigue no tiene traducción, porque es así como siempre lo recordaré. "I love you completely. Will you marry me?"

La roca,según la Ruli.
Nowhere you can be that isn't where you're meant to be.

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sábado, 16 de julio de 2011

La historia oficial

Al día siguiente, mientras miraba televisión, Jon llega del trabajo, se acerca, me da un beso —el primer beso—, y así comienza la historia oficial.

De ahí en más siguieron más aventuras…

Me llevó a bucear con un amigo del trabajo, Mark, el peor compañero de buceo posible que uno pueda imaginarse, pero la persona más sencilla y de gran corazón. Este amigo después nos invitó a su casamiento con su pareja maorí. Fue muy lindo participar de la ceremonia y hasta tuve que dar un discurso en español!!!




Mark y Linda
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                                                                           Haka


Fuimos a Napier a tirarnos en paracaídas, previa parada en una quesería y en un viñedo para una degustación de vinos y toma de coraje cuando nos llamaron para pedirnos que fuéramos antes si queríamos tirarnos desdee mismo avión. Regreso por la sunny Gisborne, por un picnic con viento y frío en la playa.

La loquita es loquita con todo

No vemos en este caso la misma cara de seguridad

No tenemos fotos de la degustación en sí, pero se ve que le caímos bien al señor porque nos hizo probar casi una copa entera de cada varietal
Sanos y salvos


Un día nos escapamos de la “party central” que era nuestro flat con vinito y copas a una playa cercana. Cuando volvimos de la playa, nos habían cerrado el estacionamiento con el auto adentro. Y mientras esperábamos que vinieran a abrir el portón, muertos de hambre, llegó una camioneta de la iglesia con bocaditos y sopita o chocolate caliente. Unbelievable!

Decidimos ir a Coromandel y partimos en media hora, cuando nos dimos cuenta de que teníamos un par de días libres seguidos después de Navidad y ni plan en vista. Inconcebible.


La turista haciendo de turista


Pohutukawa, florece en diciembre




Nos fuimos una semana de vacaciones a Great Barrier Island, una isla de NZ, de playas y playas, y tal vez un par de personas por aquí y por allá. Perdimos tanto la noción del tiempo que un día antes de volver nos dimos cuenta de que teníamos otro día más. Una sensación tan linda como encontrar playa en un bolsillo de una prenda que no usaban en años.

Llegando a GBI en avioneta

Subiendo al Mount Hobson. La sonrisa se nos borró cuando se nos acabó el agua y no teníamos nada para comer. Cuando llegamos a la cima, una familia estaba haciendo un picnic con sabrosos sándwiches y bebidas refrescantes.
 La Silver Fern, la hojita plateada de los All Blacks, se hace rulito cuando se seca.



El pub irlandés de GBI
Más contenta que perro con dos colas


A este inglés se le quemó la cuna 






La caminata por los volcanes de Tongariro, incluyendo la corrida de los últimos 7 km para no perder el colectivo de regreso.
Se llega al punto de partida a las 6 de la mañana.




Cima de Ngauruhoe




Lago Esmeralda, valga la redundancia

En el colectivo que casi perdemos

jueves, 14 de julio de 2011

La primera aventura


Volvamos un poquito atrás, ¿recuerdan mi amiga de toda la vida... en Nueva Zelanda? Es aquí cuando me fui con Maru a Samoa por 10 días. Mis últimas palabras antes de la partida con el candidato —aunque ya no a flatmate— fue mi fecha de regreso. Agendado.

Una vez de regreso y durante otra charla de recuentos de viajes, organizamos un viaje a la nieve. Aquí debo incluir una aclaración de los hechos, yo comenté que quería visitar a unos amigos que había conocido en Waiheke y que estaban viviendo y trabajando en Ohakune, cerca de Mount Ruapehu, donde se encuentran los dos centros de ski de la isla norte. El candidato hábilmente logró invitarse solo y yo, haciendo honor a mi bien ganado sobrenombre en la familia "chiva loca", me subí a otra aventura. 

 


Salimos un domingo a la tarde, después de que terminé de trabajar en el café. Llegamos a la tardecita; después de algunas llamadas, logramos ubicar la posada de los muchachos. Siete muchachos de viaje de mochileros, lejos de cualquier orden maternal de orden o limpieza. Ese era el hogar de Fede, Fran, Mati, Diego y un par más que no conocía de antes.





Ese día despedían a una amiga y por lo tanto había un encuentro de despedida en la casa con comidita y algunas bebidas. Fue realmente muy divertido. Yo, feliz, porque había vuelto a ver a unos amigos. Y gracias a Fran, el traductor de la jornada, Jon se divirtió también. Debo aclarar que la versión del traductor distaba en gran medida de la versión original.



Llegó la hora de dormir, todos a la cucha medianamente temprano, ya que para muchos había que trabajar al día siguiente y a nosotros nos esperaba un día de snowboarding. Creo que nos levantamos antes de las 7, juntamos todo el equipo y partimos en busca de un rico desayuno. Creo que fuimos los primeros en llegar a la montaña. Con entradas en mano y equipo propio, prestado y alquilado,  y una sensación de muñeco Michelin, subimos a las aerosillas para disfrutar de un día de nieve.


 Como verán, no soy una chica Roxy.

A sneaky pic!

Poco después del mediodía comenzó a llover bastante y como ya me estaba pasando más en el piso que haciendo snowboard, ya no estaba tan divertido, así que dimos por finalizada la aventura y emprendimos regreso a la ciudad, a nuestro flat. Esa noche preparamos la cena, contentos por los dos días espectaculares que habíamos tenido.

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